Absolutamente todos los seres humanos, ricos o pobres, príncipes o mendigos, llevan en su corazón una herida y el perdón de la agresión es lo que los desatará de su pasado y la herida curará.
Existen perdones grandes y pequeños perdones. Veamos la diferencia. La herida primordial se ha producido en nuestra infancia y posteriormente,volvemos a ser heridos, pero casi siempre la herida inflingida incide sobre nuestra herida inicial, reabriéndola y ampliándola. Tenemos la sensación de que otra vez nos ha pasado lo mismo, vamos dando vueltas en torno a la grieta roja de nuestra herida.
El perdón es un proceso que puede llevar tiempo, probablemente algunos años. Cuando se habla sobre ello quizás no queda bastante claro como sucede el proceso y por tanto podemos fracasar y hundirnos en el resentimiento o bien puede prolongarse la curación.
Las heridas de la infancia tales como:" mi padre era alcohólico y nos maltrataba, mi padre nos abandonó, nuestros padres instituyeron una disciplina rígida donde sentimos que no fuimos amados lo suficiente, abusos de cualquier tipo por parte de alguien, etc" deben ser perdonados. Nuestros padres son los primeros que deben ser perdonados. Casi no merece la pena repetir que nos dieron lo mejor que tenían y que si no nos dieron más es porque ellos mismos no lo recibieron. De cualquier forma, ellos deben ser perdonados siempre porque nos dieron la vida. Sus padres dieron el mejor regalo que podían dar que es una oportunidad para la vida. Usted está aquí por eso. Puede abrir los ojos cada mañana,o puede escuchar música o quizás pertenece a un núcleo muy pobre pero TIENE UNA OPORTUNIDAD. De las gracias por ello.
Nuestro ADN conserva las características de la humanidad entera y de toda nuestra historia familiar y yo pienso que también de todas las vivencias de nuestros ancestros. De sus victorias y de sus fracasos. De sus humillaciones. De su prepotencia y de sus errores.Quizás usted pertenece a una familia noble, o quizás proviene de una familia de esclavos. Sus padres le transmitieron todo su código genético, así, de golpe. No existe una cosa que sea transmitir sólo lo bueno y lo bonito. Se transmite una cesta con frutas maduras y otras algo podridas.. Le transmitieron toda su historia. El amor de la familia es incondicional pero no totalmente gratuito. Ellos esperan que usted solucione algo de lo que sus antepasados dejaron inconcluso. Es como una carrera de relevos: usted juega con su equipo, con su familia y llega y le dan un relevo. Quizás, el corredor anterior no corrió todo lo suficiente porque estaba lesionado o por la razón que fuere. Pero no por eso usted va a abandonar la carrera porque quedan muchos relevos por entregar y pueden terminar en una buena posición. Veámoslo con un ejemplo de su propio cuerpo. Usted se mira en el espejo y no le gusta su nariz. Pero no por eso se arranca la nariz. No, usted la observa y con el tiempo la acepta porque es su nariz y porque, aunque no es perfecta, supone una peculiaridad con respecto al resto de narices que le hace a usted distinto. Y si realmente aún así no le gusta, buscará al mejor cirujano plástico que pueda encontrar para que se la arregle. No se la arranca. De la misma forma no podemos arrancar de nuestro código genético, aquello que no nos gusta. Si lo hacemos, nunca alcanzaremos la paz, porque estamos yendo en contra de una parte de nosotros mismos.
Como digo, el perdón es una etapa que puede durar casi toda la vida. Comienza por el perdón a uno mismo. Todos tenemos un ego que tiene un alto concepto de sí mismo. Y es natural porque el ser humano tiene esencia divina. Todos somos miembros de un universo sagrado . Mirar nuestras heridas nos hace sentir que hemos sido vulnerables, nos hace sentir impotencia , vergüenza y culpa. Porque las heridas siempre van a dar a una parte de nosotros mismos que era la más vulnerable, entonces sentimos culpa porque de alguna manera nos parece que lo hemos permitido, que somos responsables. Piense que todo el mundo tiene su parte vulnerable. Lo otro no existe. Así que admita esa parte vulnerable de usted y contémplela con amor. Para hacer esto debe introducir episodios de meditación, de estar consigo mismo, a través de la música, etc. Permítase sentir la emoción de vulnerabilidad, de carencia, sumérjase por algún tiempo en ella. Si le hace estar más haragán no se esfuerce por trabajar a destajo, ya habrá tiempo para ello.
Después repita esta oración. "Me acepto a mi mismo y acepto la afrenta". Si acepta la afrenta está aceptando toda su parte vulnerable, está aceptando haber recibido la herida y se libra de un plumazo de la culpa. Usted, en la situación que estaba, con el conocimiento que tenía y con quién era en aquel momento no pudo hacer otra cosa. Punto.
La siguiente fase es perdonar a los otros. Su yo consciente no puede decidir cuando va a perdonar, eso es algo que viene de más arriba , del poder divino o de la vida, o como quiera llamarlo, actuando con su yo superior. No se apresure a querer perdonar, como digo, esto no puede ser forzado. Además, la herida cerraría en falso y le predispondría a usted a sufrir otras agresiones semejantes. Hay cosas que son muy difíciles de perdonar. ¿Cómo se perdona el asesinato de un hijo o una violación?. Límitese a decir estas palabras curativas: "Confío en el poder divino y en mi yo superior el perdonar a ...-si puede, diga el nombre-, ya que para mí es muy difícil". "Lo dejo marchar, confío en una justicia infinita".
La tercera fase es no alimentar el odio. El odio almacenado se convierte en rencor y resentimiento . El odío es una emoción que en sí no es mala. El odio nos da energía para apartarnos del agresor o para luchar porque otras personas no sufran lo mismo. Pero si lo alimenta, se convierte en rencor y el rencor no sirve para nada, sólo para dañar los huesos y las articulaciones y presdisponer a alguna enfermedad crónica. Deje que el odio se vaya yendo poco a poco, sin alimentarlo. Si lo desea, apúntese a una clase de esgrima, una clase de terapia a través del movimiento, cómprese un saco de boxeo, etc.
Es muy fácil alimentar al odio porque si cualquier acontecimiento por insignificante que sea puede cambiar nuestra vida, imagínese como puede cambiarla un hecho que ha sido introducido por otra persona con odio o con descuido.Es decir, usted sale un día a pasear a su perro, y entabla conversación con otro señor o señora que también pasea a su mascota, se vuelven a encontrar otro día, deciden tomarse un café, se convierten en pareja, deciden vivir juntos y tienen un hijo. Fíjese en el poder de una sola palabra, un saludo, por ejemplo. Por contra, alguien comete un hecho contra usted con odio, le acosa en el trabajo, pierde el empleo, como consecuencia tiene problemas de pareja y rompe su relación y termina trasladándose de ciudad. Quiero decir, es muy fácil dar de comer al odio, mediante un continuo diálogo con usted mismo se está recordando continuamente todo lo que le ocurre desde que pasó por aquella situación. A partir de ahora, cada vez que sienta empezar ese diálogo en su interior diga : ALTO! STOP!: Véalo como una oportunidad para el cambio.
Para recordar:
- Aceptar la afrenta
- Permitirse sentir la emoción durante el tiempo que necesite
- Rezar la oración para que el yo superior perdone cuando esté preparado
- No alimentar el odio. Diciendo stop cuando comience el diálogo interior y haciendo otra cosa
Otro día hablaré de las pequeñas afrentas, las que vivimos a diario. Es un poco diferente.
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